| Cancún: Turismo sustentable |
| Lunes, 07 de Marzo de 2011 17:25 |
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* En la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya aseguran que, desde octubre de 2006, implementan un programa de buenas prácticas ambientales en el sector para minimizar "el posible impacto negativo que pudiera generar sobre el arrecife" * La falta de medidas para evitar la contaminación del agua pone en riesgo la zona turística del Caribe mexicano que ha perdido el 50% de los arrecifes en 20 años
Las vacaciones que cientos de miles de españoles disfrutan todos los años al calor del Caribe mexicano no son inocuas. La pasta de dientes o el champú que se cuelan por el desagüe, el protector solar que se queda en la piscina o los pesticidas del jardín del hotel o del campo de golf se filtran al subsuelo de Cancún y la Riviera Maya hasta llegar al mar. Así lo demuestra un estudio sobre contaminantes en el sistema acuífero del Estado de Quintana Roo, en el Caribe mexicano, publicado recientemente por la Universidad de McMaster en Hamilton (Canadá) encargado por el Banco Mundial. El desarrollo intensivo de la costa de la península de Yucatán, está provocando la contaminación de sus acuíferos lo que, a su vez, repercute en los ecosistemas marinos. Los científicos aseguran que en los últimos 20 años se ha perdido el 50% del arrecife de coral de esta costa, uno de los hábitats biológicamente más diversos en el planeta.
La península de Yucatán es una formación caliza de gran permeabilidad; una especie de esponja, llena de pozos o cuevas subterráneas de agua dulce, conocidas como cenotes. Aunque estos son uno de sus múltiples reclamos turísticos de la zona, ya que muchos se han habilitado para bucear o bañarse, también son una vía libre para la contaminación. Los residuos se filtran en este laberinto de cuevas, y los contaminantes fluyen rápidamente a través de ellas hasta el mar.
En 30 años, la zona ha pasado de 50.000 habitantes a dos millones Además de analizar los tóxicos tradicionales los pesticidas y la erosión de carreteras, estacionamientos y pistas del aeropuerto, la novedad del estudio radica en contabilizar los residuos de los productos de higiene personal, analgésicos sin receta como el paracetamol y el ibuprofeno, el tabaco y la cocaína en el agua.
Letrinas y fosas sépticas
Las cadenas españolas controlan el 37% de las plazas hoteleras Una carencia demasiado común en México, que en este Estado se acentúa por el crecimiento desorbitado que ha sufrido en los últimos 30 años en los que ha pasado de 50.000 habitantes a dos millones. Aunque en los municipios grandes y en los complejos hoteleros sí existen dichos sistemas, el estudio señala que "no es probable que retiren todos los microcontaminantes".
En la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya aseguran que, desde octubre de 2006, implementan un programa de buenas prácticas ambientales en el sector para minimizar "el posible impacto negativo que pudiera generar sobre el arrecife", al que se han sumado un centenar de sus establecimientos miembros, que reúnen 30.000 habitaciones. Pero la región ya cuenta con 70.000 cuartos de hotel, repartidos entre Cancún y Riviera Maya. Entre los principales inversores se encuentran las cadenas españolas, que controlan el 37% de las plazas hoteleras de la región.
Luis Arista, subdirector del complejo hotelero Barceló en la zona que reúne siete hoteles y un total de 6.800 habitaciones, explica que su compañía mantiene desde hace seis años la certificación Green Globe, una de las más altas a nivel mundial para el sector turístico en gestión de residuos, agua y consumo energético, así como en responsabilidad social y conservación del patrimonio. "Debemos ser cautelosos con el impacto que generamos para salvaguardar nuestro propio negocio", resume Arista.
"Hay un modelo de desarrollo depredador", dice un investigador El Gobierno mexicano, por su parte, ha anunciado la próxima puesta en marcha de un plan de verificación y control para identificar todo tipo de sustancias en el acuífero. Pero para Gold es un problema de fondo. "Hay un modelo de desarrollo depredador, y es extremadamente difícil que estos grandes complejos hoteleros no tengan un impacto en el medioambiente, es una política suicida", espeta el científico. El estudio concluye que, si no se toman medidas concretas para proteger y gestionar los acuíferos, el desarrollo turístico podría peligrar a medio y largo plazo, porque el impacto del turismo será tan grave que los encantos naturales de la zona terminarán desapareciendo. Sin embargo, la región espera que la población se multiplique por diez hasta 2030.
Y también crece el número de visitantes. En 2010, 230.000 españoles viajaron hasta aquí atraídos por las playas de arena blanca, el mar turquesa, los cenotes, el fondo marino ideal para bucear, la selva y las pirámides mayas. Un paraíso natural que también ha sido modificado al gusto del cliente, pues a la par de la sobreexplotación del manto freático y la contaminación marina, hay un deterioro de los ecosistemas terrestres. Por ejemplo, se están erosionando las playas por la pérdida de la vegetación de duna costera. Este ecosistema singular, con un gran valor ecológico, distorsiona la imagen de la playa blanca, y pese que se ha avanzado en una ley de costas que sólo permite construir a cierta distancia de la duna, los desarrollos urbanísticos acaban desbrozando su playa para plantar cocoteros en primera línea de playa, más acorde con el imaginario del visitante. "Hay que cambiar el paradigma, eliminar la idea de que los destinos de playa son playas de arena pura donde no hay nada más", subraya Gonzalo Merediz, director de Amigos de Sian Ka'an, organización ecologista que también participó en el estudio.
Adiós a la selva
Merediz hace hincapié en la pérdida de la vegetación de las dunas, la desaparición de manglares y la de selva, y aboga por promover el ecoturismo como una "alternativa que ayude a reducir presión sobre los recursos naturales". Preguntado sobre estos deterioros, Arista, de Hoteles Barceló, los minimiza: "Obviamente con tanta gente hay pequeños cambios en el paisaje".
Amigos de Sian Ka'an lidia a diario con este choque de intereses entre la economía y el respeto al medio ambiente e intenta impulsar entre las autoridades y el sector turístico nuevos ordenamientos ecológicos del territorio y un manual de buenas prácticas ambientales en el diseño y planeamiento de hoteles. De momento, gracias a su trabajo, en Solidaridad, el principal municipio de la zona, se acaba de aprobar la primera legislación marina de la zona. En ella se regula dónde se puede pescar, navegar, nadar o bucear.
"Queda mucho por hacer pero estamos avanzando, asegura Merediz. "Vemos interés por parte de la industria para adoptar ese tipo de prácticas", añade. Este biólogo no quiere dramatizar respecto a los nuevos contaminantes, y explica que, en la desaparición del arrecife, además de la contaminación del agua, contribuye el desgaste de las tierras de origen, la pesca excesiva y el cambio climático. "La contaminación del agua es un reto que debemos afrontar pero estamos todavía a tiempo", zanja, mientras exige una red de monitoreo de la calidad de agua para que no se descuide.
Fuente: nexotur.com
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